La autorrealización significa haberse conectado conscientemente con la fuente del ser. Una vez establecida la conexión, nada puede ir mal” (Swami Paramananda)

 

Otto Scharmer, con su Teoría U, nos regaló un descubrimiento de un increíble valor y trascendencia práctica.

La tarea de cualquier líder (y vamos a considerar líder a todo aquél cuyo rol consiste en acompañar procesos de transformación), consiste en diseñar un espacio de contención interior, que permita navegar a todos los implicados en medio de abundante información e intereses, en medio de deficiencias institucionales y organizativas, en medio de cualquier tipo de crisis, y en medio de la confusión que arrastra a las personas a la ira, el miedo y la desesperación.

Retengamos esta visión y vayamos a un ejemplo real: el liderazgo de las políticas activas de empleo.

No me estoy refiriendo al QUIÉN las está liderando, sino al CÓMO las estamos liderando. Llevamos demasiadas décadas obsesionados por la gobernanza política del sistema, sin éxitos significativos porque hemos perdido el foco sobre lo que realmente importa: ¿qué necesitamos hacer para que la gente encuentre trabajo y lo haga de forma rápida?

Cuando una persona pierde el empleo, lo que quiere (necesita) es poder encontrar, lo antes posible, uno nuevo que se ajuste en contenido y condiciones laborales al trabajo que tenía hasta ahora, o que le permita desarrollarse y avanzar en su carrera profesional. Da lo mismo el nivel profesional o de cualificación: lo relevante es mantenerse o no retroceder y, si se puede, dar un paso adelante.

La persona se enfrenta al RETO de encontrar una SOLUCIÓN. Y en ese proceso, REACCIONA, acudiendo a diferentes organizaciones y métodos.

Para empezar, se trata de un proceso asimétrico, como tantos.

Las personas desempleadas sin recursos o con recursos escasos buscarán apoyo en las instituciones públicas (la extensa constelación de servicios públicos de empleo locales, comarcales, provinciales o autonómicos en formato puramente público o en formato de colaboración público-privada, y por tanto, a través de otra extensa y atomizada constelación de entidades privadas con y sin ánimo de lucro).

Las personas con más recursos, tendrán la opción de valerse de los servicios de “outplacement” (recolocación) que hayan podido contratar en su beneficio las empresas que los despidieron. O, también, de servicios más o menos personalizados de “coaching de carrera o de transición”.

Aquí emerge el riesgo de un primer equívoco y de una primera gran frustración: el de confundir intermediación con orientación profesional. ¿Buscamos que “nos conecten” con un trabajo, “que nos encuentren” un trabajo (intermediación)? ¿O buscamos que “nos conecten”, para que así “podamos encontrar un trabajo” (orientación)?

El matiz es importante, para saber a dónde vamos y para entender qué vamos a recibir. En la intermediación, simplemente nos colocamos en un mercado de oferta y demanda de perfiles y posiciones, que será más o menos amplio, en función de las características y del intermediario (alcance de la “bolsa de trabajo”). Se trata de una aproximación plana y tradicional. Lo único que hay que hacer es ir al espacio de compra, donde los “productos” aparecen expuestos de forma impersonal o desconocida y donde el intermediario se limita a indicar en qué “pasillos” o zonas podemos encontrar lo que buscamos o, en el mejor de los casos, aproximarse a nosotros con una opción para que podamos valorar si nos interesa. Un método “outbound” que dirían los de marketing, cuyo impacto es muy limitado.

En la orientación la cosa cambia. Porque, como se entiende de forma generalizada, ampliamos el ENFOQUE, para sacar a la superficie una determinada realidad, desde la cual CREAMOS maneras diferentes de hacer. Dicho de otro modo, RESTRUCTURAMOS y REDISEÑAMOS el proceso de búsqueda, a través de la incorporación de técnicas algo más sofisticadas y activas.

Y aquí puede emerger el segundo gran equívoco y fuente de una segunda gran frustración. Hoy, en la mayor parte de casos, la orientación profesional, prestada tanto por actores públicos como privados, se materializa en un paquete de herramientas dirigidas prevalentemente a saber configurar un buen perfil en LinkedIn, redactar un buen cv., definir adecuadamente la propuesta de valor del candidato, ir tejiendo una red de contactos o de prescriptores de impacto, saber aproximar de forma inteligente una campaña de candidatura espontánea, prepararse de forma sólida para una entrevista de trabajo o, llegado el momento, saber negociar adecuadamente una oferta de empleo. Estas son claves de emprendimiento aplicadas al “job hunting” y, sin duda, absolutamente necesarias si queremos ampliar las opciones de éxito.

Son, además, dispositivos fáciles de implementar, de digitalizar y son escalables, de modo que desde una perspectiva de negocio o “productivista”, permiten un buen margen y tienen un incuestionable valor en términos de “marca”, porque pueden alcanzar a un colectivo mayor de beneficiarios, sin excesiva complejidad. De manera que acaban siendo un recurso óptimo. La gran “zona de confort” de los operadores de recolocación, enmarcada bajo la rúbrica de “buscar trabajo es tu nuevo trabajo”. Le proponemos al candidato que tienda un puente entre él y el mercado de trabajo (los otros), con el que acortar el viaje y hacer el tránsito más llevadero.

Pero falta algo. Volvamos a escuchar a las personas en búsqueda de empleo (¿Qué tal si dibujáramos, ahora que las “experiencias” están tan de moda, un “Job-Hunter Journey Map”?). Muchos se sienten perdidos, desconcertados, pequeños, inútiles, incomprendidos, sin sentido, sin identidad, con la sensación de que no saben hacer nada, atrapados en el pasado, rechazados o perplejos.

Estos sentimientos se suman a los que quizás aún estén latentes y cuyo origen entronca con el hecho o la forma de la “desvinculación” origen de su situación de desempleo. La sensación de injusticia y de desequilibro entre lo que dimos y recibimos de la empresa, o lo que dejamos en ella.

Y a ellos, posiblemente tengamos que sumar todos los que van emergiendo a medida que la situación de desempleo se prolonga en el tiempo y el cerco económico y de dependencia se va estrechando.

Es por ello preciso volver a Scharmer. No es suficiente con decir que esto “es normal”, “forma parte del proceso”, que “tranquillo porque en este proceso siempre hay subidas y bajadas, o días mejores y peores”. Así no se acompaña un proceso de transición profesional. ¿O es que a alguien se le ocurriría asentar su estrategia de cambio exclusivamente sobre este tipo de afirmaciones? En su “Journey Map“, aquí es donde la persona desempleada se encuentra, generalmente, sola.

El éxito de cualquier intervención depende del estado interior de aquel que interviene. Es por ello que lo que cuenta no es sólo lo que los desempleados hagan o cómo lo hagan, sino su “estado interior, ese espacio interno en el que se encuentra la fuente desde la que se originan todas sus acciones.

Siendo ello así, nos faltarían dos estadios más para completar un verdadero proceso de orientación laboral.

Un segundo nivel con el que permitimos que la persona desempleada conecte con su “potencial emergente. Este es un nivel que cobra especial relevancia en un entorno de transformación productiva exponencial, como el que estamos viviendo en la actualidad. Desaparecen profesiones, aparecen nuevas, conviven elementos del “viejo régimen” y del “futuro del trabajo” y las personas desempleadas han de tener la capacidad de capitalizar sus conocimientos, competencias y experiencias, y transponerlos a otros entornos organizativos y funcionales. En algunos casos sí que será preciso un proceso de formación (lo que ahora llamamos “re-skilling” y que es la formación continua de siempre). Pero en muchos otros, se trata simplemente de saber y/o poder trazar conversiones (“si sabías hacer esto, puedes hacer esto otro, aunque sea diferente”). Se trata de PROFUNDIZAR en la esencia profesional para RECOMPONER el perfil profesional. Un espacio para el que se hace necesario un conocimiento profundo en competencias profesionales.

Y un tercer y último nivel, con el que permitimos que la persona desempleada conecte con la naturaleza de su yo profundo y pueda navegar en el marasmo emocional al que hacíamos referencia anteriormente, manteniendo a raya a los grandes boicoteadores de la acción con impacto: la voz del juico, la voz del cinismo y la voz del miedo.

Sin ese espacio de REGENERACIÓN individual, se hace muy difícil activar sin distorsiones el propósito y la intención. Es importante entender, que de lo que se trata es de eliminar todos los obstáculos que están socavando la acción consciente de buscar empleo. No es un proceso de crecimiento personal aunque, sin duda, en muchos casos este proceso acabará resultando en una experiencia de auto-realización y desarrollo. Es, en definitiva, un requisito esencial para que la persona desempleada pueda descargar los patrones del pasado y pueda ver (mente abierta), pueda sentir (corazón abierto) y pueda dejar ir el pasado y dejar venir el futuro emergente (voluntad abierta), al punto de llegar a liderarlo. Un espacio, por tanto, de conocimiento profundo de las emociones, del comportamiento humano y del pensamiento sistémico.

Son dos niveles de trabajo minucioso y complejo, porque atacan lo “no visible”. Son también dos niveles de trabajo individualizado, por lo que resultaría extraordinariamente útil analizar cómo a través de las nuevas tecnologías podemos conseguir un tratamiento personal a bajo coste marginal. De lo contrario, corremos el riesgo de que, atrapados por intereses eficientistas, nos sigamos manteniendo en el primer nivel y caigamos en la tentación de “ir tirando”, lo que a todos los efectos es un auténtico desperdicio.

El “Center for Organizational Learning” del MIT lleva años divulgando esta teoría en sus programas de liderazgo e innovación. Y son múltiples las empresas, gobiernos y movimientos sociales que han adaptado y aplicado el proceso U a diferentes proyectos innovadores.

Quizás haya llegado el momento de llevarlo, también, a las políticas de orientación profesional. Todo el sistema saldría ganando.

 

1 comentario

  1. ¡gracias, Esther! Una sabia reflexión, no hay recetas mágicas, en todo gran cambio en la vida, hemos de volvernos a encontrar con nosotros mismos y ubicarnos en el puzzle del punto de encuentro entre la persona y el mercado de trabajo. Si todo transcurre de forma rápida, a lo mejor nunca llegamos a percibir la profundidad del proceso, pero si “se hace desear” no nos queda otra que bucear en nuestro interior.

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