“El funk es, para mí, como una plataforma de experimentación. Te permite probar todo tipo de sonidos y ritmos, y jugar con ellos” (Wayne Snow).

El 2020, entre otros, se llevó a Khalis Bayyan  más conocido como Ronald Bell, cofundador y saxo tenor de la mítica banda de funk y disco Kool&The Gang.

Por ello parece acertado empezar el año 2021 con uno de sus legados musicales, “Get down on it”. Como una especie de conjuro, con el que poder invocar la presencia de algunas fuerzas motrices, que podrían ser de utilidad a las organizaciones en un año de curaciones y transformaciones.

La primera: la fuerza del funk.

Uno de los géneros musicales más ricos, diversos y apegados al sufrimiento del trabajo. Recordemos que nació en EEUU entre mediados y finales de los años 60, bajo la estela de los cambios políticos derivados de los movimientos en favor de los derechos civiles de las minorías. La música dejaba de ser hegemónicamente blanca, daba paso a nuevas miradas y sensibilidades y, con ello, a la innovación.

Músicos principalmente afroamericanos fusionaron soul, jazz, ritmos latinos como el mambo y el R&B, creando una nueva forma musical rítmica y bailable, que daría lugar posteriormente a la música disco, y que sería posteriormente fuente de inspiración permanente para otros géneros musicales como el boogie, el house, el electro-techno, el drum&bass, o el hip-hop.

Esto es lo que ocurre cuando salimos de nuestra burbuja y damos entrada en nuestros equipos a perfiles diferentes, integrándolos sin prejuicios, ni pensamientos limitantes: cruzamos conocimientos y experiencias, rompemos la ortodoxia de lo conocido, y las atrofias naturales a las que lleva la endogamia, favorecemos procesos de fermentación, y sumamos lo mejor de los diferentes mundos que se encuentran. Generación y totipotencia.

Pero el funk es más que diversidad. Es también arraigo. Y una muestra de la indisoluble relación entre la oscuridad y la luz (de hecho, entre todas las polaridades). Susan Elisabeth Phillips lo formulaba de esta otra manera: “Si deseamos hacerle espacio a la vida, también tenemos que hacerle espacio al caos”.

La palabra funk , que tiene su raíz semántica en la palabra “lu-fuki” de la lengua kikongo, en inglés se refiere originalmente al olor corporal fuerte y ofensivo del sudor. Relacionemos esto con el hecho de que las características principales de la expresión musical afroamericana están enraizadas en las tradiciones musicales de África Occidental, que encuentran sus primeras expresiones en los espirituales, los cánticos de trabajo y los gritos de alabanza surgidos de y con la esclavitud.

El funk es un reflejo de la experiencia de la raza negra, con todas sus historias de dolor, explotación, compromiso y superación. Pero es también su canalización. No es de extrañar por tanto que, en la jerga del jazz, se asocie con conceptos como la integridad, la vuelta a lo fundamental a lo auténtico, a lo terrenal.

En un mundo y unas organizaciones cada vez más polarizados, tecnificados y sometidos a la racionalidad de la ciencia y los datos, encontrar una fórmula de engarce que sepa unir los polos opuestos, acaba siendo el secreto para conseguir estabilidad emocional ante la adversidad o la incertidumbre.

Y también es el mecanismo desde el que aceptar la realidad con sus luces y sus sombras y entenderla con humildad. Este es el requisito previo para desarrollar la capacidad de escucha y de comprensión necesarias para entender bien lo que pasa a nuestro alrededor y podernos adaptar a nuestro entorno.

Finalmente, el funk es ritmo. El funk reduce el protagonismo de la melodía y de la armonía, para dar más peso a la percusión y a los bajos. Solidez y energía.

En el discurso del barbero judío de “El Gran Dictador”, Charles Chaplin lo condensaba de esta manera: “Nos hemos vuelto rápidos, pero nos hemos encerrado. La maquinaria que nos proporciona abundancia nos deja desprovistos. Nuestro conocimiento nos ha vuelto cínicos y nuestra inteligencia duros y egoístas. Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco, Más que maquinaria, necesitamos humanidad; más que inteligencia, necesitamos amabilidad y gentileza. Sin estas cualidades, la vida se volverá violenta y estaremos perdidos”.

Es elemental: sin ritmo no hay música, del mismo modo que sin entender y gestionar las emociones no hay organización viable, sostenible y escalable.

La segunda: la fuerza de los cambios.

Kool & The Gang fue gestada en sus inicios en 1964 por el bajista Robert “Kool” Bell, como una banda instrumental de cinco amigos del barrio de Jersey City, que actuaron bajo nombres diferentes: “The New Dimensions”, “The Soul Town Band”, “The Jazziacs”, o “Kool & The Flames”.

En 1969 cambiaron el nombre y pasaron a llamarse Kool & The Gang, lanzando su primer disco, con el mismo nombre. A partir de ese momento, editaron diversos álbumes con éxitos remarcables, aunque no excesivos (“Live at the Sex Machine” y “Live at PJ’s” en 1971, “Music is the Message” en 1972, “Good Times” y “Wild and Peaceful” en 1973, “Light of Worlds” en 1974, “The Spirit of the Boogie” en 1975), “Open Sesam” y “Love & Understanding”en 1976, y “Behind the Eyes” en 1977).

Pero en 1978 se unieron a la banda como cantante “JT” Taylor, y Eumir Deodato como productor. Aquello lo acabó de transformar todo. Con ellos comenzó una nueva etapa más comercial y, en consecuencia, más exitosa. Los años 80 fueron los años de gloria del grupo, en los que varios de sus temas encabezaron distintas listas de éxito en EEUU (#8 “Ladies Night” en 1979, #1 “Celebration” en 1980, #10 “Get Down on it” en 1981, #2 “Joanna” en 1983,  #7 “When You Say That You Love Somebody (In The Heart)” y #10 “Misled” en 1984, #9 “Fresh”en 1985, #2 “Cherish” en 1985, y #10 “Victory” y “Stone Love” en 1986).

Esta es la importancia de los nuevos fichajes. Contratar a la persona idónea puede marcar la diferencia.

La pregunta que nos deberíamos formular en las empresas es si disponemos actualmente de sistemas, procesos y herramientas adecuados para seleccionar el mejor talento.

¿Un mercado de selección eminentemente oculto y atrapado en el clientelismo de los headhunters y los intereses de las redes de contactos es el más adecuado para atraer todo el potencial de talento?

¿Un sistema de selección, en el que el envío de un cv. de 2 páginas es el primer filtro y no el segundo o el tercero, permite escapar de lo estándar y dar lugar a la riqueza que se esconde en los matices y las conexiones de la conversación?

¿Un sistema que busca inicialmente un número de candidatos lo suficientemente reducido como para poderlo manejar cómodamente, está orientado a la integración del mejor talento o del que mejor se sabe posicionar?

¿Un modelo diseñado a partir de etiquetas, permite evitar los sesgos de conocimiento que clasifican y crean silos, desde los que la aclamada transferencia de conocimientos, experiencias y competencias queda en mero postureo y, con ello también, todo el discurso sobre el talento como motor de competitividad?

¿Unas prácticas sectoriales y funcionales endogámicas, que apuestan por la seguridad del “antes ya ha hecho esto” o del “antes ya ha trabajado en empresas como la nuestra”, son las más idóneas para desprendernos de lo “conocido” y explorar en los límites del “no saber”, donde los expertos nos dicen actualmente que es donde germina la creatividad y el desarrollo?

¿Un sistema anclado en “lo que se ha hecho”, más que en lo que “se puede hacer”, no proyecta una sombra de conservadurismo, que dificulta que emerja el talento y que podamos canalizarlo en energía transformadora?

¿Y un sistema pensado en contratar a quien pensamos que “puede” hacer un trabajo y no en si su afiliación coincide con la nuestra, puede llevarnos más allá de entender el trabajo como una pura relación transaccional?

Preguntas cuyas respuestas merecen atención y matices.

Ahora sólo un apunte final: antes de ser contratado por Kool&The Gang y saltar a la fama, “JT” Taylor era profesor de escuela y cantante amateur en un nightclub. ¿Con estas credenciales, los sistemas hegemónicos de selección lo hubieran incluido, simplemente, en la primera “short list” de candidatos?

La tercera: la fuerza de las preguntas.

Seguimos con las preguntas. De modo que nos vamos ya al hit de 1981 de Kool&The Gang: “Get down on it

Este tema con una letra básica que se repite constantemente…como una “gota malaya”… como si emulara la voz de nuestra conciencia, es una llamada a la acción desde la previa invitación a la reflexión. Sólo 3 preguntas y se hace inevitable el movimiento:

  • “What you gonna do?” (“¿qué vas a hacer?”): Porque en cualquier dimensión de nuestra vida, tenemos que tomar partido. La pasividad no es opción, salvo que inequívocamente queramos asimilarla a una negativa.
  • Do you wanna get down?” (“¿quieres bajar?”): Porque, estemos donde estemos, se hace inevitable (o quizás mejor, es más que conveniente) que nos preguntemos que es lo que está pasando sobre el terreno, en el suelo, en un espacio diferente al que conforma nuestra realidad, y que ponderemos las ventajas y desventajas de visitarlo y conocerlo.
  • “How you gonna do it if you really don’t wanna dance/By standing on the wall?” (“Cómo lo vas a hacer si realmente no quieres bailar/Simplemente apoyándote en la pared?”): Porque si no queremos hacer algo, quizás sea conveniente que pensemos muy bien el lugar en el que nos posicionamos. O, quizás más aún, que nos preguntemos si no somos nosotros mismos los que nos estamos situando contra las cuerdas o en un callejón sin salida, provocando con ello nuestra parálisis o un comportamiento desleal hacia nosotros mismos, porque estamos haciendo algo contrario a nuestra voluntad más íntima.

Y la última: la fuerza del respeto y las emociones.

La persona protagonista de nuestro tema no está sola. Está rodeada de gente:

“Cause I heard all the people saying” (“Porque oigo a la gente diciendo…”)

Pero no es una manada increpándole con imperativos y arrastrándola a hacer algo que no quiere, o sobre lo que no ha pensado de forma consciente.

Dos imperativos cobran fuerza para llamar a la acción: “Get down on it(“¡ponte manos a la obra!”) y “Get your back up off the wall! (“despega la espalda de la pared” o más coloquialmente, “levanta el culo de la silla”).

Son imperativos, sí, pero en todo momento vienen enmarcados por un entorno de seguridad psicológica, en la que James “JT” Taylor:

  • se preocupa constantemente de chequear el estado del protagonista: “Uh, what you gonna do?/Do you wanna get down?” (“qué vas a hacer/quieres bajar?”)
  • respeta su voluntad: “Get down on it, if you really want it!” (“ponte manos a la obra, si realmente quieres hacerlo”).
  • también le da feed-back, con información de contexto útil para que pueda tomar una decisión diferente: “You show it, when you move, move, move”/ “You move me, baby, when you move” (“Lo muestras cuando te mueves/Me mueves a mí también cuando te mueves”).
  • y le invita a estar atento a sus emociones y a la intuición, y no sólo a su racionalidad: “Get down on it, you’ve got to feel it!” (“Ponte manos a la obra, tienes que sentirlo). “You know it, when you’re dancin’, yeah (lo sabes, cuando estás bailando”).

Si, como dice Laloux, anhelamos lugares de trabajo donde haya confianza, relaciones profundas, ricas y significativas, debemos mostrar más de nosotros. Y para que ello ocurra, no es lo más adecuado encontrarnos con ceños fruncidos, dedos acusadores o rostros inquisidores.

JT” Taylor nos da un abrazo. Y, de este modo, un “Dance! Come on!” nunca había sido tan liberador ….y tan prometedor.

 

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