Humility is not thinking less of yourself, it’s thinking of yourself less.” (C.S. Lewis)

Años 60, probablemente. En el escenario, João Gilberto Prado Pereira de Oliveira aparece vestido en traje chaqueta y corbata, sentado y envolviendo suavemente su guitarra. El escenario desnudo. Imagen en blanco y negro. Sólo destacan la pequeña plataforma circular que contiene al músico desde el suelo, un telón en forma semicircular que lo bordea desde atrás y una enorme lámpara de larguísimos prismas de vidrio, también circular, que lo corona.

Empiezan los primeros acordes simples y con un pulso perfectamente estable.

Antônio Carlos Brasileiro de Almeida Jobim (Tom Jobim) decía de él: “Cuando João Gilberto se acompaña, la guitarra es él. Cuando la orquesta lo acompaña, la orquesta también es él”.

Es así. Es “O Mito”.

Empieza a cantar, a bajo volumen, tranquilo, como de puntillas, destilando libertad, y agilidad:

Se você disser que eu desafino, amor (Amor, si dices que desafino),

Saiba que isto em mim provoca imensa dor (has de saber que esto me causa un dolor inmenso)

Só privilegiados têm o ouvido igual ao seu, (solo los privilegiados tienen un oído como el tuyo)

Eu possuo apenas o que Deus me deu (yo solo poseo lo que Dios me dio).

Se você insiste em clasificar (Si insistes en clasificar)

Meu comportamento de anti-musical, (mi comportamiento de antimusical)

Eu mesmo, mentindo, devo argumentar (yo, aun mintiendo, debo argumentar)

Que isto é Bossa Nova, que isto é muito natural (que esto es bossa nova, que esto es muy natural).

O que você não sabe nem sequer presente (lo que no sabes, aunque estés presente),

É que os desafinados também têm um coração (es que los desafinados también tienen corazón),

Fotografei você na minha Rolley-Flex (Te hice una foto con mi Rolleyflex),

Revelou-se a sua enorme ingratidão (y se reveló tu enorme ingratitud).

Só não poderá falar assim do meu amor (De modo que no podrás hablar así de mi amor),

Ele é o major que você pode encontrar, viu? (Él es lo más grande que puedes encontrar, ¿lo ves?)

Você com a sua música esqueceu o principal (Tú con tu música te olvidaste de lo principal)…

Que no peito dos desafinados, no fundo do peito bate calado (que en el pecho de los desafinados, en el fondo del pecho late callado),

Que no peito dos desafinados também bate um coração (que en el pecho de los desafinados

también late un corazón).

Es “Desafinado”, la canción que compusieron Tom Jobim y Newton Mendoza en 1958 para João Gilberto, dedicada a todos los puristas de la música basilera, que desacreditaban la bossa-nova, aquella música desprovista de vibrato, prácticamente sin cambios de intensidad al cantar, y cuyo distintivo fraseo provocaba una atípica polirritmia entre la voz y el acompañamiento. “No saben cantar. Cantan desafinado”. Un clásico: juzgar de inmediato y descalificar lo que no nos gusta (o no entendemos). Y una novedad: Ante la ofensa, no entrar a basurear, ni alzar la voz, sino cantar y entregarse.

En un momento vuelvo con la canción.

Ahora, podemos seguir leyendo con la versión de fondo que Stan Getz y Charlie Byrd hicieron en el 1962. Una curiosidad sobre este tema: sólo 4 años después de su nacimiento, la bossa-nova ya había sido totalmente asimilada por músicos de jazz estadounidenses como Stan Getz, quien invitó a João Gilberto y Tom Jobim en 1963 para que colaboraran con él en lo que acabó convirtiéndose en uno de los discos de fusión bossa-nova/jazz más aclamados por la crítica y más vendidos de la historia (2 millones de copias). “Getz/Gilberto” fue lanzado en marzo de 1964, se mantuvo 96 semanas en el TOP de las listas de éxitos (junto a los Beatles), y obtuvo el Grammy al Mejor Disco del Año en 1965.

De hecho, el “desafinado” de Gilberto, fue nominado en la categoría de “Best Jazz Vocal Performance” en 1964 (“Getz/Gilberto”), en 1977 (“Amoroso”) y en 1988 (“Live in Montreaux”). Y en el 2000 ganó de nuevo el Grammy en la categoría de “Best World Music Album” por su disco “João Voz E Violão”. Cosas de las disonancias…

Gilberto nació en Juazeiro, ciudad del estado de Bahía, situado en un área de zonas áridas y semiáridas, pero que es la región de mayor producción de fruta tropical de Brasil. Algunos dirían: “increíble”.

Aprendió a tocar la guitarra de manera autodidacta. Con 19 años emigró de su ciudad natal, a la ciudad de Río de Janeiro, donde empezó cantando en la banda Garotos da Lua, de la que dicen fue expulsado por rebeldía. Algunos dirían: “un adolescente difícil”.

Parece que pasó algunos años en precario y sin trabajo, pero con la insistente idea de crear una nueva forma de expresión musical con la guitarra. Algunos dirían: “era obstinado y terco como una mula”.

Por aquél entonces Brasil vibraba. País sin guerra, que había dejado atrás la Dictadura de Getulio Vargas, que había construido el mayor estadio de futbol del planeta con 1.500 obreros y medio millón de sacos de cemento y arena, y que había sido escogida para acoger la Copa Mundial de Futbol en 1950. La canarhiña goleaba sin piedad a todos sus contrincantes. Grande.

Y lo nunca visto: más de 200.000 personas concentradas físicamente en un evento deportivo. Prometedora modernidad. Cultura de masas excitadas, embistiendo de forma concluyente e inexorable el futuro… pese a algún trompicón o tragedia épica, como el “Macaranazo”. ¿Cómo pudo ser que Brasil perdiera la final del Mundial contra Uruguay? Unos dirían: “Ghiggia, el astuto contra Barbosa…el que no estuvo a la altura y se equivocó”.  Otros apostillarían: “si ya se sabees el cuento de la lechera”.

Entre el “artisteo”, allí mismo, un grupo de estudiantes y músicos de clase media, se reunían en apartamentos de la zona sur de Río, en la Avenida Atlântica, en el barrio de Copacabana y de Ipanema, junto a la playa. Oían y hacían música. Algunos ya empezarían a murmurar: “menos samba y más trabajo”.

Y allí se conocen Gilberto y Jobim, un pianista y compositor de educación clásica y a quien gustaba el jazz. La intuición y la estructura.

Y de ese encuentro, allí, nace la bossa-nova (nueva ola), destilado del ritmo callejero y sincopado de la samba. El ornamento estridente del carnaval pasado por el tamiz de una instrumentación simple, elegante y de una sensibilidad extrema. La genialidad y la innovación: la fuerza expansiva de la samba reverberando dentro de la caja de una guitarra.

La palabra “bossa” proviene del francés “bosse” y cuentan que se introdujo al portugués en el siglo XVII. Originalmente significaba “protuberancia” y se utilizaba habitualmente referida a los abultamientos óseos. Más tarde, adquirió connotaciones más atractivas, asociadas “a lo que adquiere características sobresalientes”. Algunos dirían “cosas de las modas…lo que antes era un bulto ahora es magistral y talentoso”.

Momento de volver a Desafinado, si queréis, ahora en el 2000, con Gilberto en edad de jubilación (“un +50”, que dirían algunos) con Caetano Veloso, en Buenos Aires.

A su edad, sigue siendo “O Mito”.

Gilberto podría ser lo que Robert K. Greenleaf  denominó como “servant leader” en su ensayo “The Servant as Leader” de 1970 y que años más tarde, en el 2009, James W.Sipe y Don M.Frick desgranaron en su libro “Seven Pillar of Servant Leadership: practicing the wisdom of leading by serving”.

Y la Letra de Mendoza es un ejemplo lírico del “humble leader”, expresión que hoy bien podría denominarse la “bossa-nova” del liderazgo (algunos dirían “Good Luck with that One”). Frente a los tradicionales liderazgos extrovertidos, carismáticos y narcisistas, que en ocasiones transitan los terrenos de la neurosis, la psicopatía y la incompetencia, hoy emerge un nuevo estilo introvertido, discreto y relajado, que parte de la humildad, el coraje y la perspicacia, para admitir que puede beneficiarse de la experiencia de otros, y que busca activamente las ideas y contribuciones únicas de aquéllos a los que sirve (los empleados).

Jobim decía que João Gilberto no subestimaba la sensibilidad del pueblo. Que creía que hay siempre lugar para una cosa nueva, diferente y pura que (aunque a primera vista no lo pareciera) podía convertirse en algo altamente comercial (o rentable, o productivo). Porque el “pueblo” comprende el amor, las notas, la simplicidad y la sinceridad. Así nos lo canta (“Que isto é Bossa Nova, que isto é muito natural (que esto es bossa nova, que esto es muy natural)/O que você não sabe nem sequer presente (lo que no sabes, aunque estés presente),/É que os desafinados também têm um coração (es que los desafinados también tienen corazón), /…/Só não poderá falar assim do meu amor (De modo que no podrás hablar así de mi amor),/Ele é o major que você pode encontrar, viu? (Él es lo más grande que puedes encontrar, ¿lo ves?)/ Você com a sua música esqueceu o principal (Tú con tu música te olvidaste de lo principal)…/ Que no peito dos desafinados, no fundo do peito bate calado (que en el pecho de los desafinados, en el fondo del pecho late callado),/Que no peito dos desafinados também bate um coração (que en el pecho de los desafinados también late un corazón)).

La reflexión es de calado, pero lo dice con una modestia irresistible; con determinación tranquila en lugar de carisma; con una ambición centrada más en la “empresa” que en él mismo; con disposición a aceptar la responsabilidad personal por su fracaso; y reconociendo el papel de los demás para lograr el éxito.

Y para estos “algunos” que “insisten en clasificar”, las advertencias ya no llegan sólo de Gilberto.

Llegan también de manos de profesores, consultores y mentores expertos en comportamiento organizacional. Por citar sólo algunos: Edgar H. Schein and Peter A. Schein (“Humble Leadership: The Power of Relationships, Openness and Trust”), Dan Cable (“Alive at Work: The Neuroscience of Helping Your People Love What They Do”), Jim Collins (“Level 5 Leadership: The Triumph of Humility and Fierce Resolve”), Michael Maccoby (“The Productive Narcissist: The Promise and Peril of Visionary Leadership”), Jane Anderson (“6 Powerful Traits of the Humble Leader”) o Ray Williams (“Why we need humble leaders?”).

Humildad, proviene etimológicamente de “humus”, que significa “tierra”. De manera que, si todos venimos de la tierra, deberíamos trabajar por arraigarnos de forma sólida y profunda, y no fantasear ni jugar con la idea de ser dioses (“Só privilegiados têm o ouvido igual ao seu, (solo los privilegiados tienen un oído como el tuyo)/Eu possuo apenas o que Deus me deu (yo solo poseo lo que Dios me dio)”).

Una buena manera de no despistarnos, es cultivando la gratitud, incluso con aquellos que nos hacen de espejo y que, por ello, tienden a irritarnos y a resultarnos molestos (“Fotografei você na minha Rolley-Flex (Te hice una foto con mi Rolleyflex),/Revelou-se a sua enorme ingratidão (y se reveló tu enorme ingratitud)”).

¿Suena demasiado “blando” en la voz de Gilberto? Si “algunos” así lo creen, les sugiero que prueben sutiles movimientos de resintonización. Buenas opciones: la versión de “Desafinado” de voz de la fantástica Eliane Elias y su banda (intensidad, virtuosismo, empoderamiento, complicidad…y ella descalza en contacto con la “tierra”). O simplemente, la más canalla, loca y sonriente de Dizzy Gillespie.

Maravilla. Rebosante humanidad.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.