Los grandes desafíos son los que crean pasión” dijo en una ocasión J.F. Kennedy.

Posiblemente ello no signifique que, sin un gran desafío, sea imposible encontrar la pasión. Parecería que el sentido de la cita pretende enfatizar que cualquier desafío puede ser una fuente de inspiración, de creatividad y de liberación, desde la que obtener satisfacción.

Puede ser”. Porque un desafío sin capacidad para asumirlo, puede conducir a la angustia y al estrés. Un desafío sin dirección, puede conducir al desorden. Un desafío sin recursos para afrontarlo, puede conducir a la frustración. Y un desafío sin mayor objetivo que el desafío en sí mismo, puede conducir al descrédito y la ineficiencia.

De manera que mantengamos un “puede ser” para empezar.

Porque los desafíos necesitan de un buen ecosistema para evolucionar favorablemente, algo que equivale a decir que necesitan de un proceso pautado de aceleración.

Quiero, antes de seguir, llamar la atención sobre el hecho de que estoy eludiendo conscientemente palabras como “problema”, o “problem solving”, no por esnobismo lingüístico, sino porque, precisamente, el uso de estas palabras alteraría el orden y el ritmo del proceso de aceleración sobre el que quiero llamar la atención.

Me explico. Una de las cosas que habitualmente sabemos hacer mejor en las empresas es utilizar el “PERO”, en el mejor de los casos el “SÍ, PERO”. Sabemos que “pero” es una conjunción adversativa que enlaza dos frases cuyos significados se contraponen, se restringen o se limitan. Son el inconveniente, la dificultad, la contrariedad y la objeción en sí misma.

Por tanto, si de lo que se trata es de generar un proceso para acelerar una idea, un desafío, o un reto, no podemos empezar utilizando un “pero”.

Siguiendo con Kennedy, en 1962 presentó en la Universidad de Rice su sueño de llevar al hombre a la luna. Astro Teller, llamado el “Capitán Moonshot”, es una de las personas que lideran “X”, antes llamada “Google X”, la empresa de I+D de Google, encargada de desarrollar proyectos que comporten grandes avances tecnológicos. Teller habla de la necesidad de visión, pero también de estrategia, para conseguir desarrollar un reto.

El primer elemento de esta estrategia, una vez más, es la “diversidad”. En “X”, cuenta Teller, por ejemplo, encontrarás un ingeniero aeroespacial trabajando con un diseñador de moda. Diferentes miradas para poder salir de nuestro espacio de conocimiento y pensar “out of the box”, es decir, pensar fuera de lo habitual, para poder plantearte cosas radicalmente nuevas y diferentes.

El segundo, es ordenar el proceso en 3 fases, que de hecho son las que utilizaba Walt Disney en su proceso de creación, y el que también han adaptado las metodologías de “Design Thinking”.

Primero. Fase de lo sueños: una fase en la que sólo está permitido tener ideas y, en la medida de lo posible, ideas que no supongan sólo una mejora significativa respecto de lo que ya tenemos (el clásico, vamos a mejorar un 10%…), sino ideas que puedan cambiar en un *1000 lo que conocemos. Pensar si límites, ni juicios de valor, ni miedos, ni restricciones, “a lo grande” y “a lo loco”, siempre en positivo y sin que aparezca en ningún momento el “fantasma de lo imposible”.

Segundo. Fase realista: una fase, en la que una vez ordenadas todas las ideas, nos dedicamos a preguntarnos con detalle y rigor ¿qué hay que hacer y qué pasos hay que seguir para conseguir materializar la idea? o ¿con qué recursos materiales, temporales, económicos y personales contamos para ello? Es una fase en la que nos dedicamos a “romper” las ideas, a gestionar excepticismos, ambigüedades, paradojas y errores, pero con el objetivo de hacerlas un propósito real.  O si se prefiere, es un proceso en el que nos dedicamos concienzudamente a demostrar que estamos equivocados. Teller lo expresa de forma extraordinariamente provocadora cuando explica cómo se plantean esta fase: “¿Cómo mataremos nuestro proyecto hoy?”.

Tercero. Fase crítica: una fase en el que las ideas supervivientes, pasan un segundo nivel en evaluación, en la que se revisa si son suficientemente buenas y cuáles pueden ser los problemas para su implantación efectiva a tiempo. Es una fase de planificación, en la que se revisa críticamente todo lo que hay que hacer para asegurar su viabilidad.

Llegados a este punto, uno puede entender la frase de Kennedy. El desafío es apasionante:

  • Porque su proceso de aceleración, incluso el que supone su cancelación, es siempre constructivo y retador. Incluso el descubrimiento o la evidencia de un problema o un defecto importante en cualquiera de las fases, da lugar a un proceso productivo, de reflexión y de aportación. El mismo proceso de destrucción (normalmente asociado a lo negativo) se convierte en un proceso de creación (normalmente asociado a lo positivo).
  • Porque, por ello mimo, es un proceso de inclusión, en el que rompemos el mito de la inteligencia cognitiva (puede más quien sabe más), para entrar y movernos de lleno en el terreno de la inteligencia apreciativa y emocional (puede más quien es capaz de cambiar su perspectiva).
  • Porque se promueve y se recompensa el pensamiento crítico, es decir, tanto el crear como el destruir ideas, con lo que se crea una cultura de no resistencia al cambio, porque las condiciones para la innovación son seguras: nadie tiene miedo a equivocarse, porque darse cuenta de las equivocaciones forma parte del proceso de valor.

El tercer y último elemento, condición necesaria del anterior es el tiempo. Hay que dejar tiempo para pensar, para preguntar, para provocar, para conversar, para generar controversia y para discutir. Y más será el tiempo necesario, en función de lo acostumbrado o no que esté nuestro equipo a pensar de forma global e integrada. Recordemos el elemento de la diversidad que mencionábamos al inicio. Una organización de silos, no es una organización diversa y, por tanto, necesitará más tiempo para reconocerse, entenderse y conectar partes.

Y hablar de tiempo, no es necesariamente hablar de mucho tiempo “chronos” (cuantitativo). Nos referimos a un tiempo “kairós” (cualitativo).

Previamente, los directivos deben haber dedicado un tiempo para darse cuenta que el silogismo a seguir no es “pienso luego actúo”, sino “pienso, luego reviso las condiciones, luego actúo”. Y durante ese tiempo, de alguna manera, deben haber hecho la reflexión sobre lo que es la innovación, el papel que en ella juega la “mentalidad moonshot” y cuál su significado en la práctica. Para ello, no tendrían que dedicar mucho tiempo a leer libros sobre el tema (aunque el tiempo para la lectura nunca está de más). Bastaría con unos segundo para emular a Sinatra: “Fly me to the moon/ Let me play among the stars/ Let me see what spring is like/ On a-Jupiter and Mars….”.

En otras palabras: bastaría un tiempo para que buscaran dónde reside la pasión.

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