Era su primer “meeting”. Pero cuando lo vio, inmediatamente supo que era él.

Podría haber dicho que era magnetismo. Resultaba hasta divertido observar cómo, tanto los hombres como las mujeres que estaban en aquella sala, revoloteaban a su alrededor, atrapados en su órbita. Ellas, absolutamente rendidas, sonreían dulcemente toqueteándose de vez en cuando el pelo, mientras su precipitado interés por demostrar su valía profesional las hacía alarmantemente frágiles. Algunos de ellos, como torpes aprendices a directivo, lo escrutaban con ansiedad intentando descubrir dónde se escondía el misterio de su personalidad, pero pretendiendo no hacerlo, mientras gesticulaban y parloteaban con importancia. Otros, simplemente, lo odiaban.

Después de un café de bienvenida, se sentaron en la mesa de trabajo. Era rectangular. Él estaba en la cabecera. Dos datos no menores para los amantes de la proxémica.

Gravitas”, se dijo para sí misma. “¡Es eso!”. Era profundo en sus movimientos, denso y determinado. Profundamente arraigado. Con esa solemne seguridad en el hacer que da el saberse en una posición de poder y que, sin ir más allá, proyecta, a primera vista, una imagen de personalidad que algunos asocian, de inmediato, a inteligencia.

Por un momento dejó de escuchar y pensó en las “virtudes romanas”. En los valores que en la Antigua Roma se estimaban fundamentales para considerarse un ciudadano virtuoso: autoridad espiritual, decisión, cortesía, merced, dignidad, tenacidad, frugalidad, “gravitas” (ahí la tenemos), humanidad, sentido del deber, piedad, prudencia, orden, severidad y verdad.

¡Qué tiempos aquéllos los de la Antigua Roma!”. Se sonrió. Pero aquella sonrisa no era informalidad o frivolidad. Sonreía ante a la incoherencia de la condición humana. Como tendiéndole la mano, para poderla administrar.

Y es que ella siempre sonreía, con una afabilidad natural. Quizás demasiado natural. ¿Quizás impropia de su posición? ¿Quizás por ello, algunos, a primera vista, reprobaban su cargo como Directora Regional, y subestimaban sus capacidades? Pero ese era su carácter (su estilo, que etiquetarían los técnicos en “management”). La sonrisa, expresada ya desde sus ojos, era su primera vértebra. Y después venía la palabra. También sonriente, pero severa y honda.

Despertó de su encantamiento a tiempo para poder exponer uno de los proyectos en los que había estado trabajando los últimos meses, al que siguieron los de sus otros colegas. Así eran estas reuniones anuales. Uno tras otro, proyectando “power points” con el resultado de los encargos que él les había asignado al inicio del ejercicio.

Un “meeting” de saturación, porque era un encuentro muy caro y había que aprovechar el tiempo. El objetivo era poner en común los proyectos que se implementarían en todo el grupo en los meses siguientes, y consensuar los dispositivos y los tiempos de lanzamiento. Y en esta ocasión aprovecharían, además, para dar una fiesta de despedida a uno de los Directores veteranos, que se jubilaba después de 40 años de trabajo en la compañía.

Él escuchaba con atención. Serio. Sobrio. Solemne. En ocasiones formulaba una pregunta, y la gravedad de su voz penetraba intensa en los expuestos egos de cada uno de los ponentes. Y siempre, siempre, cerraba cada exposición con un preciso “Muchas gracias”.

Antes de finalizar la sesión de trabajo y con la excusa de que necesitaba manejar el portátil para hacer también una presentación, le pidió a uno de los Directores que le cambiara la silla y se sentó en el centro de uno de los laterales de la mesa. Otro dato no menor.

Desde allí dirigió a todo el equipo unas palabras sobre el “servant leadership”.

Simona, así se llamaba ella, lo observaba desde el extremo izquierdo opuesto de la mesa. Estaba maravillada con aquella corrección y pulcritud. “Es indiscutible que él es el jefe…Es tan evidente. Y ahí está hablando del liderazgo servil desde el centro de la mesa. Brillante”.

Cuando acabaron, se dirigieron todos a un restaurante en el que se había reservado una sala para la cena. Todos los Directores, mucho más distendidos fueron formando corrillos y sentándose en las diferentes mesas. Los que se conocían más se sentaron juntos, mientras bromeaban y comentaban lo que habían estado haciendo el fin de semana anterior, intentando infructuosamente superar la hazaña de una de sus colegas, que mostraba con orgullo desde su Iphone una foto con toda su familia equipada con ropa de caza tras algunos de sus trofeos. Los demás, hacían lo que podían para ser cordiales y amenos, echando mano de forma recurrente al “Manual con las 100 preguntas básicas para sobrevivir a cualquier tipo de acto social”.

Él, desde el mismo centro de la sala lo contemplaba y controlaba todo. Fue el último en sentarse.

Y la velada transcurrió de forma amena y emotiva, culminando con los debidos parlamentos de reconocimiento y despedida, y con la correspondiente entrega de regalos y toma de fotografías.

Y justo tras ese momento, anunció que tenía que ausentarse porque salía de viaje de fin de semana con su familia. Se despidió con una educación sustancial. Con gestos medidamente pausados se puso su chaqueta. Y cruzó la sala con paso firme y elegante hasta la salida. Ellas, una vez más, seducidas con su carisma.  Ellos, una vez más, superados por el camino que les quedaba por andar.

Simona lo observaba todo con sus ojos ávidos. Y volvió a quedarse pensando. En las virtudes romanas. En todas. Y en el “servant leadership”, no como formulación, sino como liderazgo cotidiano en acción. Y en la “gravitas”. Y en el significado de lo que realmente es la profundidad en la personalidad, y en lo que es sentido ético y lo que es sentido escénico… Y en el arte de escabullirse de una fiesta.

Mientras, comía los bombones que le habían servido con el café. Y sonreía. A primer golpe de vista, más de uno se habría preguntado qué es lo que hacía alguien tan insustancial allí…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.