La máquina se ha transformado en algo más que en un simple instrumento de la vida humana. Es realmente una parte de la vida humana…quizás su verdadera alma” (Picabia, New York Tribune, octubre 1915).

Picabia nació el 22 de enero de 1879. En una semana como ésta, habría hecho 140 años.

Lo hemos traído a Poligonesia por su temperamento inquieto, subversivo y provocador… Y por sus retratos mecanomórficos que, después de 140 años, hoy cobran una actualidad inesperada, y representan una manera profundamente inteligente de enfrentarse a los retos tecnológicos.

Para empezar…

A lo largo de la historia del arte, el dibujo de máquinas y artefactos técnicos empezaba y acababa en la representación escenificada del objeto. Puras ilustraciones. Pura descripción. Una máquina es una máquina. Admiremos como espectadores (desde fuera) los ingenios del progreso.

Pero llegó Picabia para dar un paso más.

Nos vamos a situar, de un lado, en el contexto industrial de principios del siglo XX, la obsesión burguesa por los avances técnicos, la génesis de la nueva materialidad desmedida del mundo industrial y todas las corrientes ideológicas y movimientos sociales surgidos y consolidados tras la Revolución Industrial, con todas sus utopías y distopías. Y por, otro, la Primera Guerra Mundial, uno de los primeros infiernos de la historia de la humanidad contemporánea, y que dio lugar a los movimientos llamados “de vanguardia”, surgidos para “romper” con toda manifestación del “establishment”, que ellos vinculaban al origen de la guerra y sus catastróficas consecuencias.

En enero de 1913, Picabia viajó a Nueva York (sociedad maquinista por excelencia) a bordo del barco Lorraine. donde conoció a la bailarina Napierkowska, que lo que inspiró para pintar la acuarela Mechanical Expression Seen Through our own Mechanical Expression (“Expresión mecánica vista a través de nuestra propia expresión mecánica”), y que es considerado el primer dibujo mecánico de Picabia, con el que iniciaba el movimiento “maquinista” que, de acuerdo con los cánones oficiales, abarcaría el período comprendido entre 1915 y 1922 y nos dejaría obras como: “Machine Tournez Vite”, “Le Saint des Saints, c’est de moi qu’il s’agit dans ce portrait”, “Voilá Haviland La poésie est comme lui”, “Ici , c’est hielo Stieglitz”, “Portrait d’une Jeune Fille Américaine dans l’État de Nudité”, o “De Zayas! De Zayas”.

Y continuamos…

Pero, en este caso, la máquina no era una máquina.

Picabia sostenía que “Los objetos prácticos tienen como intención la transmisión de un concepto o el cumplimiento de una función. El límite donde acaba la esfera de los objetos prácticos y comienza la de los objetos artísticos, depende de la intención de los creadores”

Dicho de otro modo. Las cosas no son lo que parecen. Son lo que son. Y lo que “es” depende de la intención o, si se prefiere, de la experiencia emocional que experimenta el artista y, a su vez, el espectador. Esto es lo que en arte denominan “Ready-Mades” o “Arte Encontrado”.

André Breton lo verbalizó de manera más profunda: “son objetos manufacturados elevados a la dignidad de obras de arte a través de la elección del artista”.

En el debate cultural, ésto abre el debate sobre lo que es y lo que no es arte.

Pero, lo mismo, llevado al ámbito empresarial y organizativo, nos abre los ojos al mundo de las percepciones y sus alteraciones, para poder darle la vuelta a todo. Descontextualizar las cosas de su entorno físico y conceptual habitual, para ver las cosas de una manera diferente y poderlas dirigir hacia un terreno diferente. Ya hemos reflexionado con más profundidad, sobre ello, en otros posts de este blog (“Explorando EN el límite;  o ”La “Yiddishe Kop” y las técnicas de resolución de conflictos”).

Y llegamos a nuestro destino…

Pero lo más cautivador de las obras maquinistas de Picabia es como, desde una ironía mordaz, en primer lugar, sale de la funcionalidad y establece un vínculo entre la belleza de las máquinas y la belleza del hombre o la mujer.

Nos muestra a la máquina como parte integrante del ser humano y viceversa.

Volvemos al ámbito empresarial.

Trascendemos a la experiencia cotidiana en la que un operario y una máquina conforman un engranaje de producción fragmentaria y despersonalizada.

Ahora, operario y máquina son un solo sujeto, integrado, que adquiere una nueva dimensión y significado. Ambos suman, para dar como resultado algo diferente y mejorado. Una metáfora del denominado “aumentismo”, según el cual, el reto al que nos enfrentamos con la cuarta revolución industrial es, fundamentalmente, el de saber trabajar con las máquinas (robots y herramientas de inteligencia artificial) para completarlas en todo aquello que “depase” lo mecanizable.

Picabia ya nos mostraba gráficamente hace más de un siglo, lo que es el “Factor Humano”. Todo lo que emerge de la sensibilidad y de las emociones (¿el verdadero sentido y valor del hombre?). Con la robótica y la inteligencia artificial, la máquina aumenta las capacidades humanas. Pero el ser humano también puede aumentar las capacidades de la máquina.

Picabia, que en 1911 conoció a los hermanos Duchamp (Marcel, Jacques y Raymond), que integraba con otros artistas el Grupo Puteaux, y que se que se reunía con ellos los domingos, en el suburbio parisino de Puteaux, para discutir de arte, matemáticas y filosofía, se convierte en otro ejemplo de lo que hoy son las nuevas tendencias del management en las empresas. Extrema digitalización y automatización, a través de asistentes virtuales, aplicaciones móviles de servicios para empleados, plataformas RPA, Big Data y Machine Learning. Pero, a la vez, también, extrema humanización, a través de la exigencia de culturas organizativas emocionalmente inteligentes y del diseño incansable de herramientas de “wellness” y de “employee experience”.

Imaginémonos, como él, a la máquina como una alusión a la vida amorosa.

Veremos, como él hacía, que más allá de la estética (lo aparente) y de la “estructurada lógica de lo racional”, “a través” de las máquinas y “con” las máquinas podemos descubrir un nuevo universo.

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