Imaginémonos un concurso de televisión.

Pero un concurso de televisión algo particular. Que estuviera promovido por un canal británico de televisión privada (Channel 4), en colaboración con un organismo autónomo vinculado al “Department for Digital, Culture, Media and Sport” (Arts Council England), con el objetivo de promover la cultura del arte público entre las comunidades, y  de invitar a todos los ciudadanos de UK a reflexionar sobre el papel que el arte juega en nuestras vidas. Para ello, algo sencillo: nominar lugares que se verían beneficiados por el establecimiento de una gran instalación de arte.

¡Bienvenidos a “The Big Art Project”!

Ahora imaginémonos una mina de carbón entre Manchester y Liverpool.

Y recordemos el papel que han jugado las minas de carbón en la historia económica y social del Reino Unido y, de hecho, del mundo entero. Alimentaron la Revolución Industrial, contribuyeron decisivamente al proceso de colonialismo y del imperialismo “moderno” previo a las dos guerras mundiales, protagonizaron dramáticos accidentes laborales a los que sucedieron las primeras normas laborales que limitaban el trabajo de mujeres y menores, alumbraron el movimiento sindical, inspiraron a Engels y Marx en la redacción de los escritos que dieron lugar al marxismo, y se convirtieron en el símbolo de la resistencia socialista, durante las memorables huelgas de los años 80 contra la política de Margaret Thatcher.

Estamos en la mina de Sutton Manor Colliery en St. Helens (Merseyside).

Y Gary Conley, Brian Salked, Terry Murray, Frank Leach, Mel Moran y otros tantos exmineros de St. Helens han creado la comunidad “Focus Group”, con la que se transforman en promotores de arte y elementos clave del proceso de comisionado para uno de los 6 proyectos finalmente seleccionados entre los 1.500 que han desbordado todas las previsiones del “Big Art Project”.

Ellos se presentaron al “Big Art Project”. Y fueron uno de los ganadores.

Laurie Peake, la que fue Directora de Programas y Proyectos de la Bienal de Liverpool entre 2004 y 2013, los ha acompañado a lo largo de un “viaje de descubrimiento” por Emscher Park en Alemania, el Yorkshire Sculpture Park, y la misma Bienal de Liverpool, viaje que ha dado como resultado, que los propios exmineros presenten una propuesta de 10 artistas internacionales para desarrollar su proyecto y que seleccionen, finalmente de entre ellos, a Jaume Plensa.

Así nace Dream, inaugurada en 2009 (recomendamos que pinchéis el vínculo).

Dream” es un ejemplo de cómo podemos hacer que las cosas pasen.

De cómo la imagen de la “cabeza” de una niña con los ojos cerrados, de 20 metros de altura y de 371 toneladas, nos dice tantas cosas sobre sentimientos y sensibilidad.

De cómo las cosas no son necesariamente como las etiquetamos y de que, tras la imagen ruda, áspera y sucia de un minero, hay personas que sueñan, leen poesía y tienen alma.

De cómo debemos poner en valor, dentro de la actividad empresarial y laboral, el “factor humano” o su condición más humana y situarla, al menos, a un nivel nunca inferior al “factor económico” o a su condición mercantil.

De cómo la “luz puede emerger del interior de la tierra” (“ex terra lucem”), en forma de una escultura inmensa de 90 bloques de cemento y dolomita blancos que conecta con el cielo y que reconcilia al “blanco” y al “negro“.

De cómo, además, gracias a la disposición de partículas de fibra sintética y dióxido de titanio, se mantiene a sí misma limpia, luminiscente y, por tanto, autónoma, sin generar cargas y gastos innecesarios, explicando, también por tanto, el mensaje sobre el necesario tránsito que debemos hacer desde los combustibles fósiles hacia la nueva economía ecológica y sostenible .

De cómo los trabajadores de una mina que cerró en los 90, dejando una colina devastada y llena de desechos, rechazan con asertividad la primera propuesta del “artista”, que había pensado inicialmente para el proyecto, en una escultura de una lámpara de minero de 20 metros titulada “The Miner’s Soul”, y de cómo fuerzan a Plensa a presentar una alternativa que enlaza con el pasado, pero que, sobre todo, mira al futuro y es un símbolo de todo lo positivo que ofrece la actividad humana, dando muestra de una visión y generosidad únicas.

De cómo se puede canalizar y llevar a su máxima potencialidad la identidad y el sentido y orgullo de pertenencia de un colectivo de trabajadores, ponerlos al servicio de la transformación y la regeneración, y convertirlos en catalizador del cambio.

De cómo se diseñan e implementan políticas públicas inteligentes y que enriquecen la vida de las personas. Y de cómo hacerlo, además, buscando siempre el mayor impacto y diseminación, decidiendo conscientemente, por ejemplo, que la ubicación de la escultura debía ser en un lugar elevado, con una visión de 360 grados y a la vista desde una de las autopistas más concurridas de UK (M62), de modo que cada día los conductores de los 100.000 vehículos que circulan frente a ella, puedan sumergirse también en el sueño de St. Helens.

O de cómo integrar la actividad económica, empresarial y laboral en el entorno y ecosistema social donde se desarrollan, en beneficio y pensando en el interés de todas las personas que conviven en ese territorio.

Gary Conley preguntaba en una entrevista “¿Qué más se puede pedir?”

Alguien quizás le podría responder: “¿A lo mejor que haya más gente que se empodere y se anime a soñar?”

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