Hay personas que transitan la vida y no la sobrevuelan. La exprimen, la observan para poderla entender y participan con humildad en su ciclo, de manera que, cuando desparecen, lo hacen aportando más materia orgánica que la que ya aportaron en vida.

Hans Rosling es uno de ellos y su libro, “Factfulness” es uno de sus grandes legados. Él sabía de la relevancia de su libro, en el momento en el que le diagnosticaron el cáncer que lo acabaría matando al cabo de unos meses. Y, por eso, lo dejó todo para poderlo acabar. Y así, fue.

No es un libro “de empresa”, pero es absolutamente indicado para todo aquél que tome decisiones en una organización, y para todo aquél interesado por la comunicación interna dentro de las organizaciones. No es un libro de “estadística para no estadísticos”, pero que nos enseña cómo el mundo no puede ser entendido sin números (aunque tampoco “sólo” a través de los números).

Rosling profundiza, desde sus anécdotas y experiencias vitales, sobre el “porqué” de las percepciones, sobre cómo se construyen y sobre cómo, a veces, divergen radicalmente de la realidad. Y, por ello, propone la necesidad de no separarnos de los “hechos”, de los datos y, muy importante, de las fuentes fiables y veraces desde las que obtenerlos. Objetividad contrastada y directa: “factfulness”.

Y junto a ello, absoluta humildad y optimismo. Yval Noah Harari alerta de la arrogancia y el sesgo autoritario que subyace a todas las valoraciones “catastrofistas” y “apocalípticas” sobre el presente y el futuro, entre otras cosas, porque parten de premisas falsas o falseadas (la postverdad, que se ha venido a llamar) y, en este caso, añadiría Rosling, porque siempre se basan en la experiencia sesgada que provoca ver las cosas “desde nuestra mirada” y “nuestra realidad” (ombligo).

Rosling, es un claro representante de lo que podríamos llamar “posibilista crítico”. Propone partir siempre de la evidencia objetiva, reclama después un ejercicio de apreciación y empatía y, finalmente, un análisis y una revisión crítica desde las que seguir avanzando, siempre en el marco de la solidez que proporciona la irrefutabilidad de los datos y la convicción y esperanza que sólo se generan desde las aproximaciones “constructivas”.

Como el que sigue una dieta saludable o practica regularmente ejercicio físico, Rosling propone la práctica diaria del “factfulness”, alertando de sus tres beneficios más directos e inmediatos: más positividad, menos estrés y más confianza.

Ejemplo tras ejemplo y pregunta tras pregunta, el autor nos pone constantemente en un compromiso y pone en evidencia, de manera implacable y prácticamente sin fisuras, nuestra visión sesgada de la realidad. Sólo una muestra de ello. Qué responderíamos a la pregunta de ¿cuál es el porcentaje de niñas que finalizan la escuela primaria en los países con bajos ingresos, 20%, 40% ó 60%? Yo no superé el “gap” en mi respuesta.

Entender el porqué se producen estos sesgos es clave para poder gestionar equipos y ejercer una labor de liderazgo:

  1. Dividir la realidad en dos bloques o dos extremos es simple e intuitivo y parece aportar un sentido “dramático” a las relaciones, porque implica “conflicto”. Pero continuamente nos va a llevar a error. En primer lugar, porque va a impedir ver el espacio de convergencia, que normalmente va a ser desde el que poder resolver cualquier controversia. Y, en segundo, porque es entre los extremos, donde normalmente está la “mayoría”, que hay que desglosar, pero que es la que nos permitirá ponderar las comparaciones.
  2. Mirar la realidad “desde arriba” (desde la atalaya de nuestro entorno) distorsiona la visión. Ser capaz de aproximarse a las cosas desde el máximo de perspectivas, nos dará mayor panorámica.
  3. Generalmente tendemos a quedar arrastrados por el llamado “instinto de negatividad” (y la correlativa ilusión de constante deterioro) a la hora de valorar lo que nos rodea. Este instinto se ve alimentado por tres factores: la dificultad de recordad el pasado y, cuando se hace, la tendencia a “glorificarlo”; la opción “táctica” mayoritaria de “seleccionar” siempre lo negativo (por ejemplo, por periodistas o activistas) para promover o impulsar cambios, hecho que provoca que si hay buenas noticias o si las cosas evolucionan favorablemente, “no sean noticia”; y el temor a parecer “desconsiderado” si se afirma que las cosas están mejorando, cuando aún están mal.
  4. Se trata de un instinto que nos lleva más a “sentir” que a “pensar”, por lo que es esencialmente subjetivo y, por tanto, parcial. Frente a ello, es importante entender que las cosas pueden ser, a la vez, buenas y malas. E igualmente entender que la clave de un juicio ponderado está en diferenciar entre el nivel de las cosas (su estado actual) y su línea de evolución (si están cambiando y hacia qué dirección).
  5. Pensar que la evolución “correcta” es aquélla que necesariamente ha de plasmarse en un gráfico con una línea recta ascendente es un error. Desde un punto de vista de análisis estadístico, generalmente es en las curvas “S”, en las líneas en forma de “tobogán” o de “joroba” o en las “dobles líneas”, donde están las claves para interpretar una realidad aparentemente mala y acabar concluyendo que el primer juicio de valor era incorrecto. Es cuando se “interpreta”, es decir cuando se piensa críticamente la información, que las formas de las cosas pueden adquirir dimensiones totalmente diferentes.
  6. No siempre lo que nos “atemoriza” es lo que comporta más riesgos (si entendemos que riesgo, es la combinación entre peligro y exposición), de modo que es importante, de nuevo, ponderar este sentimiento de “temor”, porque va a provocar que desviemos nuestra atención de otros riesgos más claros y probables, o que tomemos decisiones erróneas y/o sin impacto.
  7. Para evitar sacar las cosas de contexto, o de su adecuada proporción, y para poderlas priorizar correctamente, es básico utilizar las técnicas de la comparación entre grupos (asegurándonos que los grupos son comparables y fijándonos bien en sus similitudes y diferencias) y la división. Las cifras que se presentan en números absolutos no dicen nada por sí mismas y, por tanto, no pueden utilizarse para juzgar lo adecuado o inadecuado de una determinada decisión. Las cifras relativas (%) son las que aportan significado a los problemas/soluciones.
  8. Igualmente resulta útil focalizarse primero en mirar y entender qué y dónde se concentra el 80% del total de lo que estamos analizando o juzgando, y cuáles son sus implicaciones. Con ello evitaremos quedar “impresionados” por las magnitudes (sean grandes y/o pequeñas). Es también importante, dejar de hablar de “la mayoría”, que realmente significa más de la mitad, pero que puede englobar realidades tan diferentes como el 51% y el 99%. Es básico conocer los porcentajes con detalle.
  9. A su vez, hemos de ser capaces de tomar un “zoom” que continuamente vaya abriendo y cerrando el objetivo, y que nos ayude a evitar dos tendencias muy habituales: por un lado, la de generalizar (incluyendo la de exagerar) y estereotipar y, por otro, la de no observar lo que pasa “fuera de nosotros”. Ambas nos van a arrastrar, en la mayor parte de ocasiones, a quedarnos con el “pie cruzado”.
  10. Es importante ser conscientes de que los “cambios”, aunque pequeños (o hasta aparentemente insignificantes), son “movimiento”, de modo que gradualmente pueden provocar un cambio de tendencia mayor, que es lo que debe empujarse, monitorizarse y actualizarse.
  11. Una importante ayuda para “ver” las cosas de este modo es buscando nueva información y hablando con personas que “no nos den la razón”. El conocimiento está escondido, precisamente, en el espacio de la contradicción.
  12. Y otra ayuda, también, es la de “testear” nuestras ideas y hacerlo siempre controlando la presión del tiempo o las urgencias que pueda haber. Aquello de “pero, ¿lo has probado?”. El conocimiento reclama experiencia, entendiendo por ella, también, la experiencia de saber que no todas las recetas sirven para la misma dolencia, que no hay mejor solución que la que se basa en el caso concreto y la que combina ideas, y que actuar precipitadamente normalmente nos va a llevar a un resultado, pero casi nunca a evitar que se vuelva a reproducir la misma situación.
  13. En estos casos de “urgencia”, del “ahora o nunca”, es importante “respirar” y mantener la calma; insistir en los datos; no dejarse arrastrar, además, por los agoreros o los profetas; y no tomar nunca decisiones drásticas.
  14. En definitiva, “factfulness” es saber reconocer cuándo se está utilizando un “chivo expiatorio”. Es saber que, cuando se pone el foco en culpabilizar a alguien por algo, normalmente se está desviando el foco del análisis objetivo y ponderado de las cosas. Hay que buscar causas y no villanos. Y procesos, más que héroes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.